Los mejores de cada año

Comienza a definirse la Liga Uruguaya de Básquetbol 2014/2015. Para refrescar la memoria, recordamos a los mejores extranjeros que llegaron a nuestro país en las últimas 6 temporadas.

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Hatila a Passos agigantados

Hatila Passos (@HatilaPassos), extranjero de Hebraica y Macabi por tercera temporada consecutiva, nos recibió en su apartamento en Pocitos el 22 de diciembre. El brasilero de 30 años, que supo ser campeón en la edición 11/12 de la LUB, nos cuenta todo acerca de su vida personal; su infancia en Brasil, su pasaje por Estados Unidos y cómo está ahora en Uruguay.

En primer lugar, ¿cómo estás? ¿cómo te sentís en Uruguay?

Estoy muy bien, muy satisfecho, muy a gusto. No tengo ningún problema con nadie y la gente con la que tengo relación me ha dejado la mejor impresión.  Siento que los uruguayos son muy abiertos a los extranjeros, y me lo han hecho saber desde que llegué. Ya llevo un largo tiempo acá y realmente muy contento.

¿Qué te parece el barrio dónde vivís (Pocitos)?

Muy lindo, muy tranquilo. Conocí otro barrio de Montevideo, pero Pocitos me gusta más. Tengo todo muy cerca, restaurantes, tiendas, quioscos, todo lo que preciso está al lado de casa, lo que genera mucha comodidad.

¿Qué te parece nuestra comida?

Al comienzo comía sólo chivito, me encanta. No conocía mucho y el chivito me fascinaba, lo que me trajo algunos problemas de alimentación. Ahora, después de años aquí, ya conozco muchos lugares y disfruto mucho la comida que hay acá.

¿Qué me podés decir de Hebraica?

Es un club que trabaja muy duro. Por suerte ya conozco a la mayoría de mis compañeros, algunos por haber jugado el años anteriores y otros por haber jugado con ellos en Atenas, pero no sólo mis compañeros, sino toda la gente del club me trata muy bien entonces es muy difícil no estar conforme.

¿Dónde jugaste previo a llegar a Hebraica?

A los 16 años me fui a estudiar hotelería y lingüística a Estados Unidos, donde estuve 7 años estudiando y jugando al básquetbol hasta que me fui a Suiza. Después llegué a Uruguay para jugar en Atenas y luego volví a Brasil para jugar en Uberlandia un año. Estuve también en Francia y Argentina, aunque pocos meses en ambos países. Posteriormente solo jugué en Hebraica.

¿Ya habías tenido la suerte de ser campeón antes de llegar a Hebraica?

Afortunadamente sí, en Estados Unidos. Jugué dos años en el liceo, después en las juveniles de la universidad y finalmente en la universidad, con resultados muy positivos en las tres etapas.

¿Tuvo un sabor especial con Hebraica, teniendo en cuenta lo cerca que habías estado con Atenas?

Por supuesto. Con Atenas perdimos con Biguá de forma increíble en el quinto juego de las semifinales, y quería tener una revancha en el básquetbol uruguayo. Sentía como que me faltaba algo, y estoy muy agradecido con la gente de Hebraica que fue a buscarme, se armó un gran plantel y a pesar de que fue muy duro logramos el objetivo.

¿Qué análisis se puede hacer de esta temporada de Hebraica?

Es un proyecto distinto al que estaba acostumbrado. No se han contratado grandes figuras como años anteriores sino que estamos jugando con muchos juveniles del club, algo que para uno como jugador con experiencia es muy lindo porque los jóvenes están más dispuestos a aprender. Definitivamente estamos haciendo una gran temporada, mejor lo que el ambiente y nosotros mismo creíamos. Estamos disfrutando al no tener tanta presión y me parece que podemos dar pelea hasta el final.

¿Qué opinás del básquetbol uruguayo?

Es muy duro, muy agresivo. No es nada fácil, es mucho más fuerte que el básquetbol que jugué en Suiza por ejemplo. Se asemeja mucho a la Liga de Brasil en ese sentido, no se puede jugar a medias, hay que estar concentrado todo el partido porque los equipos son muy parejos.

¿El arbitraje?

Definitivamente es distinto a otras partes del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, es muy diferente, y por eso muchos estadounidenses cuando llegan lo sufren. Allá dejan jugar mucho más, se entiende al contacto como parte del juego. Aquí, sin embargo, cobran casi todo, pero como todo, hay que adaptarse.

¿Cómo te describís como jugador?

Soy un jugador que juega en equipo. Yo puedo hacer mi juego e ir hasta abajo y tirar, pero prefiero jugar en equipo, ayudar a mis compañeros. Obviamente me muevo en la zona pintada, y el rubro rebotes considero que es mi punto fuerte. Desde Brasil que trabajo en mucho eso y me ha dado buenos resultados. Describiría a mi juego, no como tranquilo, sino como simple, fácil. Yo pongo una cortina, y va a quedar mi compañero cómodo para tirar, o yo cómodo para recibir, y en Hebraica encima es más sencillo aún porque todos entienden muy bien el juego; “Panchi” (Barrera), Luciano (Parodi), Michael (Hicks), distinguen perfectamente cuando tirar y cuando pasar.

Ya que lo mencionaste, con tu amplia trayectoria internacional, ¿qué me podés decir de Luciano Parodi?

Es buenísimo, muy talentoso. Son muy pocos los jóvenes de su edad que ya están jugando profesionalmente con tanto nivel. Tal vez he visto uno en cada país con tanto talento para tan poca edad, y tiene muchísimo para crecer todavía.

¿En qué cambió tu juego desde que te fuiste de Atenas hasta esta parte?

Principalmente en la experiencia, ahora conozco el básquetbol uruguayo a la perfección; cómo se juega, cómo se arbitra, todo, cosa que en aquel momento no. Pero en general, no mucho, sigo entrenando muy duro y quiero ganar todos los partidos.

Si te digo Marcelo Signorelli…

Es un gran entrenador. Siempre explica, da detalles, habla con todos y busca sacar lo mejor de cada uno. No tiene el estilo de algunos entrenadores, que cuando un jugador hace algo distinto a lo que él pidió se enoja y da la espalda, sino que todo lo contrario. Te explica las veces que sea necesario lo que hay que hacer para que el equipo funcione mejor.

 

Contame de tu infancia…

Nací en Volta Redonda, una ciudad en Río de Janeiro, a una hora del centro de Río. De todas formas, a los seis me fui a otra ciudad en Río de Janeiro, y a los diez años me fui a vivir a San Pablo, donde me quedé hasta los dieciséis que me fui a Estados Unidos.

¿En qué momento te diste cuenta que querías ser jugador de básquetbol profesional?

Increíblemente hasta los trece años nunca había agarrado una pelota de básquetbol. No conocía nada del deporte, yo jugaba al fútbol hasta que una persona, que después fue mi entrenador durante dos años, me preguntó si quería empezar a jugar al básquetbol. En aquel momento todavía era bajito y gordo, así que hasta ahora no sé porque fue, pero bueno, con el tiempo fui aprendiendo.

¿A qué edad fue que “pegaste el estirón”?

Entre los quince y los diecisiete básicamente. Me vino muy bien porque en el básquetbol la altura siempre es positiva, y a partir de mi altura empecé a moverme más cerca del aro y a desarrollar fundamentos de pívot, que me sirven hasta hoy en día.

Durante el día, mientras no entrenás, ¿qué hacés?

La verdad que no salgo mucho.  Cuando salgo es para juntarme con amigos en la rambla, o en la playa, a charlar con amigos que tengo acá. Nunca fui de salir mucho, en Brasil tampoco, aunque en realidad allá viajaba mucho. Disfruto de estar tranquilo en mi casa, solo o con amigos.

Si tuvieras que darle un consejo a un extranjero…

Que tenga paciencia, que es algo que muchos americanos no tienen y lo pagan. Hay reglas que hay que respetar, no sólo en la cancha, y muchos americanos no logran adaptarse. Es cuestión de tiempo, y estar dispuesto a cambiar la mentalidad.

Y a un niño de 6,7 años que recién empieza a jugar…

Dedicación. Si te gusta jugar al básquetbol, tomátelo en serio y trabaja mucho.

¿Te interesa la posibilidad de nacionalizarte?

Todavía no pensé en eso. Una vez un amigo me preguntó porque no iniciaba los trámites, pero nunca me detuve a pensar en eso. La idea me interesa, pero por ahora no es más que una idea lejana.

¿Has jugado en alguna selección de Brasil?

            No tuve la suerte, porque las oportunidades que tuve no las pude aprovechar porque estaba en Estados Unidos, y los tiempos no me permitían volver a Brasil para jugar con la selección y retomar los estudios posteriormente.